martes, 29 de septiembre de 2015

lunes, 14 de septiembre de 2015

Palacio de la Madraza en Granada




Mandado construir por Yusuf I en 1349 junto a la antigua Gran Mezquita, fue la primera Universidad islámica, llegando a ser una de las más importantes. Era un centro académico que atraía a filósofos y sabios de todos los países del mundo en esa época.

Tras la toma de la ciudad pasó a ser sede del Ayuntamiento, manteniendo su uso hasta 1851 fecha en la que se trasladó a su ubicación actual en la Plaza del Carmen.


En 1722, se derrumbó parte del edificio y otra sucumbió debido al fuego que sufrió, aunque se conservan en el Museo Arqueológico restos de lo que era la rica decoración de la fachada, siendo el edificio más noble de la ciudad. En su lugar se construyó un palacio barroco, cuya riqueza ornamental se observa por ejemplo en la fachada, en heráldicas o en ventanas, utilizándose como venía siendo habitual en Granada la piedra de Sierra Elvira. Los arquitectos conservaron el antiguo oratorio o mihrab.


En la actualidad es propiedad de la Universidad de Granada, también se encuentran las dependencias de la Real Academia de Bellas Artes de Granada Nuestra Señora de las Angustias. El salón de Caballeros XXIV (que se realizó en honor a los veinticuatro concejales que presidían la ciudad) se dedica a seminarios y conferencias, existiendo, igualmente una sala de exposiciones.



































Pared decorada con un trampantojo




Artesonado del Salón Caballeros XXIV


El Palacio está ubicado en la calle Oficios, frente a la Capilla Real.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Gustav Klimt ( I )



Señora con sombrero y boa de plumas.
1909.
Óleo sobre lienzo, 69 x 55 cm.

Viena, Ósterreichische Galerie Belvedere, Schloss Belvedere.

La obra expresa el cambio de rumbo del estilo klimtiano, que se muestra aquí particularmente radical. La identidad de la mujer representada no es conocida y el cuadro no es por lo tanto un retrato, sino un retazo de vida, captado por la calle. En una opción insólita en él, el pintor, reproduce al personaje en el exterior y en movimiento. Renuncia a las poses estereotipadas de las damas que suelen poblar sus cuadros, pero también a la habitual ambientación en interiores, estudiada para destacar la figura. La protagonista, envuelta en el acorde negro y violeta de traje y sombrero, aparece de medio busto y en un primer plano muy próximo, que lleva a centrar la atención en el rostro. Klimt introduce una nueva solución para darle resalte, encajándolo entre la boa negra y la franja violeta del sombrero. La mirada de la mujer es distante y aburrida; no se vuelve al observador a pesar de la total frontalidad del retrato. Con pocos trazos, el artista acentúa su sensualidad, rodeando de mechones cobrizos la piel clara y haciendo salir un labio rojo de las plumas. La pincelada es rápida y sintética y confiere al lienzo un vago efecto inacabado, muy alejado de las superficies minuciosas e hiperelaboradas de los anteriores cuadros-mosaico. Entre el fondo y el personaje ya no hay una relación de mutua dependencia y la figura queda completamente separada del resto de la escena. Detrás de ella y de un zócalo negro desfilan algunas figurillas indefinidas, hechas con un toque llameante y colores vivos que aportan un acento brillante a la general entonación oscura. La vena decorativa de Klimt se deja ver en la atenta construcción de la composición, donde la línea vertical de la mujer, que atraviesa toda la altura del cuadro merced al prolongación de las plumas violeta del sombrero, halla un contrapeso en la masa negra que hay detrás de ella y en las figuras deshilachadas, que preludian el Expresionismo.



Anverso y reverso.